Article Fotografo (542)


Fotógrafo De Boda Edward Olive

Avui inauguro una petita exposició amb els meus ninots a l'Escola d'Art i Disseny del Berguedà, a Gironella, amb una petita conferència als alumnes d'aquesta escola i els que fan el batxillerat artístic a l'IES Pere Fontdevila de la mateixa localitat. A veces sentía que había estudiado demasiado y vivido poco durante sus años de universidad y parte del impulso para hacer aquel viaje había nacido de la necesidad de no creer, años después, que había desaprovechado los mejores años. A partir de aquel momento, el sexo sería solo una carrera en busca del orgasmo, no la ascensión hacia la catarsis más liberadora. Se marchó por la mañana y Chris y yo volvimos a encontrarnos en el mismo restaurante que la tarde anterior.

Estábamos en el salón de casa ojeando revistas y catálogos de viajes, intentando ponernos de acuerdo en dónde pasar parte de nuestras vacaciones. Tenía miedo a decir algo y que se callara; suponía que no sacaba a Nico por primera vez a colación por una cuestión de casualidad, si no por oportunidad. Me enamoré definitiva y perdidamente de ella para el resto de mis días durante esa época.

Los viajes le habían dado el pie perfecto para expresar su ansiedad… algo de lo que nunca hablaba pero que a diario le dolía. Hugo miró el botellín de cerveza, como si no recordara haberlo cogido del frigorífico y después tragó; vi su nuez de adán subir y bajar con dificultad. Me contestó el silencio y los pasos de Hugo metiéndose de nuevo en la cocina, hasta donde no le seguí. Ellos dos y su relación, a veces insana, intensa poco convencional, pero al fin y al cabo, suya.

Si había necesitado cinco meses para nombrarle, aún quedaba mucho tiempo por delante para poder compartir lo que sentía sobre el hecho de que su mejor amigo se hubiera marchado. Ella me contestó a la sonrisa y después desvió los ojos hasta los tatuajes de sus brazos, que repasó con la yema de su dedo índice. La excusa de hacerlo más femenino para que Eva se sintiera como en casa era… pues eso, una excusa.

Y no mentiré… si lo imaginaba haciendo sonreír a alguna otra chica, hablándole a media voz como hizo conmigo en su día, una punzada de celos me atravesaba. El amor no tiene por qué ser tortuoso y difícil para ser parte de un cuento de hadas… lo aprendes con el tiempo. Nos había salido más barato partir y volver allí, incluyendo el trayecto en AVE desde Madrid, que volar desde la capital. Cuando salimos del restaurante, y a pesar de que Hugo me rodeó los hombros con su brazo, lo noté distante.

Y para hacerlo un poco más especial, decidimos hacer noche allí y reservar mesa en Els quatre gats, uno de esos restaurantes con historia de la Ciudad Condal. Hay que ser muy dura para que escuchar algo así no te haga especial ilusión, así que supongo que aunque disimulé, la sonrisita tonta de enamorada se me asomó a los labios. Era una noche clara y calurosa de verano y el cielo se veía estrellado a pesar de las luces de la ciudad.

Fuimos andando por las Ramblas en dirección a Plaza Cataluña en silencio, hasta que, cerca de nuestro hotel, paré y le pregunté si todo iba bien. Cuando uno planea pedirle matrimonio a la mujer de su vida, siempre imagina que dirá que sí. Sobre todo cuando vive con ella y ha superado la crisis más grande habida y por haber. Uno cree que ella sonreirá y con los ojos húmedos de emoción, dirá que sí. Después vendrán los besos, el sexo brutal y los preparativos. Dijo que vivir conmigo la llenaba lo suficiente como para que una boda no tuviera cabida ahora mismo en su vida.

Pensé que debía haber cuidado los detalles, haber comprado un anillo mejor que el de mi primera pedida de mano y memorizado un discurso también mejor. Después me di cuenta de que nada hubiera servido porque lo que Alba no quería no era pasar la vida conmigo, sino seguir la corriente de lo que los demás pensaban que era lo normal para nosotros en aquel momento. Dijo que me quería como le daba la gana quererme, no como los demás dijeran que debía hacerlo.

Desde que se salió de la rueda de lo socialmente convenido, desde que dio la espalda a todas aquellas cosas que los demás querían para ella pero ella no quería para sí, era difícil imaginar qué la haría feliz y… eso era lo mejor y más grande. Seguía escuchando su música francesa los sábados por la mañana cuando, después de desayunar, nos obligábamos a poner un poco de orden en la casa.

Y aprovechando la tesitura, llamé al decorador que había diseñado la reforma de la casa y le dije que cambiara lo más que pudiera aquel dormitorio. Lo confieso… a veces, cuando Alba no estaba en casa, entraba en la habitación y me sentaba en la cama, de cara a la puerta. Cuando le dije al decorador que tenía que integrarlo allí me miró con el ceño fruncido y una sonrisa en los labios. Sabía la cara que podría Nico cuando se lo encontrara colgando de la pared de su dormitorio; fue exactamente como lo imaginé.